EDITORIAL

Diego Herrera Ramírez

El positivismo racionalista, mutila el ser, al afirmar que existe una sola realidad posible (5-6), en el caso de la medicina sitúa al paciente fuera de la vida real. Esto es posible al reducirlo a un objeto, es decir un diagnóstico, una enfermedad, con lo cual se niega el contexto, la cosmovisión, los sentimientos y los saberes del paciente. Esta forma de mirar el mundo a pesar de su envestidura política de neutralidad, es conservadora, pues mantiene el status quo y defiende su pretenciosa normatividad (2).

En la medicina moderna, el positivismo se manifiesta a través de dos escuelas que a pesar de pretenderse distintas responden a una sola forma de ver el mundo, la medicina curativa y la medicina preventiva. Ambas tienen en común su arrogancia e intolerancia, se escudan en una falsa neutralidad científica, buscan homogenizar a los seres humanos, formulando leyes generales que no permiten otras formas de entender el mundo (1). Están ligadas al pensamiento lineal y al método cuantitativo, rechazando los avances del pensamiento complejo como: integralidad, sensibilidad inicial, inestabilidad, incertidumbre, caos, fluctuaciones, turbulencias, auto-organización, estructuras disipativas, entre otras.(4)

Las pretensiones de la medicina preventiva son aún mayores, al ampliar los límites de la enfermedad, es decir, enfermar a personas sanas, utilizando los términos de pre-enfermedad, riesgo y control, que se contradicen con la complejidad de la vida y la muerte.

La crítica al positivismo médico lleva casi un siglo, Feyerabend decía que “la ciencia se equivoca tantas veces como el saber común”, la realidad es siempre contradictoria, razón por la cual debemos evitar el error de las visiones simplistas del mundo. Las visiones que privilegian el orden y reducen las explicaciones a una única ley ignoran las múltiples relaciones entre los distintos niveles de la realidad, política, cultural, social y económica. (7)

El positivismo puede verse filosóficamente y se puede estudiar como un sistema de ideas, pero también puede surgir como ideología, visible en actos y prácticas humanas. La ciencia médica no es arrogante en sí, son los médicos los que le inyectan soberbia y los que la empoderan de dominio y control. Todas las áreas de la medicina incluidas la Medicina Familiar y a Medicina Comunitaria, sufren esta enfermedad, cuando normatizan la higiene, la alimentación, la sexualidad, el placer de los seres humanos y las comunidades (1), llegando al absurdo de “medicalizar la vida”. La tarea pendiente, para la nueva Práctica Médica, es incorporar los avances de las Ciencias Sociales a la práctica médica, dejando de atrás el pensamiento liberal del siglo XIX.

BIBLIOGRAFIA

  1. Foucault, Michel. Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI Editores, 1986.
  2. Jürgen Habermas: Moralidad, ética y Política, México, Editorial Alianza 1993.
  3. Kolakowski, La Filosofía Positivista tercera edición, Editorial Catedra1.998
  4. Paredes G. Críticas epistemológicas y metodológicas a la concepción positivista en las ciencias sociales, Revista ensayo y error año xviii. Nº 36, 2009.
  5. Popper, Kart . La lógica de la investigación científica. Madrid: Editorial Tecnos, 1985.
  6. Popper, Kart . La miseria del historicismo. Madrid: Editorial Alianza,1992.
  7. Tibbetts Paul,  Kulka T., Hattiangadi J., “Feyerabend’s ‘Against Method’: The Case for Methodological Pluralism”, Philosophy of the Social Sciences 7:3, 1977